Barcelona de punta a punta

Barcelona de punta a punta

19 septiembre, 2020 0 By Manu

Antes de seguir adelante te recomiendo leer el post anterior Gaudí a lo lejos y la Boquería de cerca

Estando en Barcelona me parecía una picardía no visitar la mayor obra maestra de Gaudí, por lo que a la mañana siguiente partimos con rumbo noroeste hacía la tan magnífica como inconclusa Sagrada Familia.

Recuerdo que me resultó un tanto chocante su fisonomía, con partes antiguas que parecían derretirse en goticismo y otras más actuales que parecían sacadas de otro lugar.

De cualquier forma, el edificio es algo realmente hermoso, por fuera al menos. Al momento de querer entrar nos encontramos con un puestito que cobraba una entrada que no cuajaba con nuestra actitud turística adoptada para este último tramo del viaje.

Encima, había cupos limitados para ingresar y nos dijeron que si queríamos entrar debíamos esperar al turno de la tarde… como 7 horas después. A tomar por culo…

Sagrada Familia
Sagrada Familia en eterna construcción
Sagrada Familia
Fachada inconfundible

Aún era temprano y nuestra dosis gaudiana no parecía habernos satisfecho por lo que seguimos caminando por las cada vez más empinadas calles barcelonesas hacia el arquitectónico Park Güell.

Si bien la mayoría del parque es de libre tránsito, la parte que incluye la mayor cantidad de obras de Gaudí es rentada y, como en la Sagrada Familia, tiene cupos de visitantes.

Por suerte, el siguiente contingente de ingresantes estaba pautado para dentro de una hora y media dado lo cual sacamos la entrada y nos dedicamos a recorrer los hermosos alrededores del parque.

Galerías de Park Güell
Galerías de Park Güell...
Galerías de Park Güell
...custodiando jardines

Tal vez por culpa del verano, la vegetación se mostraba algo reseca pero con el suficiente follaje como para regalarnos pasajes de vital sombra. La caminata por esas hermosas galerías y escaleras rocosas, sumado a las inmejorables vistas panorámicas de la ciudad, funcionaron como un buen revitalizante tras transitar el empinado acceso al parque.

Es más, hasta pudimos llegar a la cima del Turó de les Tres Creus, el punto más alto que se puede encontrar por las inmediaciones y ubicación inmejorable para fotografiar la ciudad a nuestros pies.

Miren que a mí me encanta caminar pero cuando el sol se desploma en tu cabeza y la temperatura no da tregua, el paseo puede tomar los matices de un desafío inexpugnable en el que la hidratación es indispensable. ¿No les parece que el agua tiene un sabor especial cuando la sed empieza a ganar terreno?

Escaleras de Güell
Hacia la cima de Park Güell
Vista de Güell
Vistas hacia el parque
Vista de Barcelona
Vistas hacia la ciudad

Con el reloj marcando la hora indicada, nos ubicamos firmes como rulo de estatua en la entrada para acceder al parque. De arranque nomás nos recibió la famosa salamandra cubierta de mosaiquitos, custodio de la ondulada Sala Hipostólica repleta de pilares que conectan con un techo a cuya decoración no hay que perder de vista.

Caminar por allí requiere estar atento a cada rincón, pared y recoveco a fin de poder apreciar el empleo del atractivo trencadís, técnica predilecta del arquitecto catalán (a quien ya podríamos definir como un artista).

Por dentro encontramos más galerías y balcones curvos hechos de una especie de piedra aglomerada, todo con una preciosa vista hacia los jardines atravesados por senderos ávidos de ser recorridos

Entrada de Park Güell
¡Bienvenidos a Park Güell!
Columnas de Güell
Sala Hipostólica
Galeríaas de Park Güell
Galerías inclinadas y surreales
Jardines de Güell
Los tórridos exteriores

Nuevamente en la entrada (pero ya para salir), dirigimos nuestra atención hacia una edificación con una fachada muy al estilo Gaudí y denominada la Casa del Guarda.

Al parecer, el arquitecto-paisajista se habría basado en el cuento de Hansel y Gretel de los hermanos Grimm para levantar esta estructura tan armónicamente ensamblada con la personalidad del parque.

Casa del Guarda
Casa del Guarda
Gift shop de Güell
Un gift shop tranquipiola

Nuestra retirada del lugar coincidió con la entrada masiva de visitantes lo que nos produjo una renovada sensación de orgullo por la imbatible estrategia de arrancar bien temprano el día de turismo.

Luego de almorzar algo sencillo en un boliche de por allí, emprendimos nuestro regreso a pie, pero esta vez con el desnivel pateando para nuestro lado, hacia el hotel para activar el tándem ducha-siesta-tele-merienda.

Siendo como soy, esos momentos de descanso en hotel me servían, además, para informarme sobre las novedades del conflicto aeronáutico en el que la empresa Vueling se hallaba inmersa y que iba a ser la responsable de nuestro traslado hacia Paris unos pocos días más tarde. ¿Se acuerdan que nuestra amiga madrileña Alicia nos había advertido sobre este asunto?

Aprovechando la frescura de la noche de Barcelona, nos dimos el gusto de perdernos en uno de sus tantos barcitos para disfrutar de unas hamburguesas, cárnicas por aquí y vegetarianas por allá, acompañadas por unas papas bravas y una bebida cola que despertó mi curiosidad por su sabor alimonado con dejos de jengibre.

Para darle más color, la velada tuvo lugar en el mismo momento en que Francia y Alemania disputaban una de las semifinales de la Eurocopa que ya les mencioné varios relatos más atrás, y que tuvo a los galos como vencedores para alegría de más de un comensal

Curiosity
Una hamburguesa y una bebida curiosa...
Logo

Nuestro último día en Barcelona nos tenía preparada una caminata al sur hacia la centenaria fortaleza de Montjuic (recomendación aportada por mis suegros).

Como toda fortaleza que se precie, la edificación se hallaba emplazada en un terreno elevado por lo que un estratégico funicular nos tiró un cable hacia la cima a través del cual disfrutamos de unas vistas de la ciudad y del Mediterráneo únicamente comparables a las experimentadas el día anterior.

Teleférico
Hacia allá vamos
Teleférico
Imágenes en ascenso

Bien arriba, coronando la colina, descansaba el Castillo de Montjuic que nos recibía con su puente de piedra flanqueado por jardines pulcramente decorados con flores amarillas, rojas y blancas.

Otrora atalaya protectora de la ciudad y luego devenida en centro de represión y encarcelamiento de prisioneros políticos, actualmente el castillo funciona como un museo dedicado a explicar su propia historia que abarca desde el siglo XVII hasta la actualidad.

Desde lo más alto de la fortificación se podía observar como el mar y el cielo se fundían en el horizonte ante la atenta mirada de las embarcaciones de la marina que comenzaban a zarpar buscando alcanzar lo mejor de la jornada.

Por nuestra parte, no perdimos la oportunidad de tomar cuanta foto pudimos de la ciudad y el mar que yacían bajo el incansable flameo de la bandera catalana enarbolada sobre nuestras cabezas.

Castillo de Montjuic
El precioso castillo de Montjuic
Castillo de Montjuic
El precioso castillo de Montjuic (bis)
Marina de Barcelona
El puerto de Barcelona a sus anchas

Como el funicular ya lo habíamos usado, preferimos bajar las interminables escaleras hasta el nivel del mar y volver a pie, como de costumbre, al hotel. Creo que una de las experiencias más lindas de nuestra visita a Barcelona fue haber caminado tanto la ciudad ya que todas sus callecitas tenían su encanto y resultaban un atractivo en sí mismas.

Montjuic
¿Por dónde se baja?
Fuente de Barcelona
Era por acá seguramente...
Calle catalana
Callecitas catalanas...
Calle catalana
...que enamoran

De regreso en el hotel, mientras armábamos las valijas para volver a Buenos Aires, buscaba fútilmente novedades sobre nuestro vuelo hacia Paris del día siguiente.

Lo que me ponía nervioso era que teníamos solo 4 horas de diferencia entre nuestro arribo a la capital francesa y el despegue hacia Argentina por lo que cualquier demora podía ser letal para nuestro ajustado plan.

Dado que de un día para otro no había más novedad que la poco convincente afirmación de la empresa comunicando que “los vuelos se estaban normalizando”, decidí abocarme a seguir, a través del resultado minuto a minuto, la semifinal que tenía a Federer y al canadiense Raonic como protagonistas.

Si lo que buscaba era distenderme, me equivoqué de lo lindo porque Raonic ganó aquel partido en 5 sets dejándome un sabor bastante amargo en la boca.

Por cierto, no quiero despedirme sin aclararles que nuestro vuelo al día siguiente despegó con apenas 25 minutos de demora lo que me permitió desprenderme de esa última pizca de nerviosismo que merodeaba por mi cabeza.

De cualquier forma, casi víctima de las low-cost, en el futuro voy a pensarlo dos veces antes de recaer en otra aerolínea de su tipo. Lo cierto es que en el aeropuerto Charles de Gaulle nos reencontramos con mi hermano mayor y su novia y pudimos regresar sin problemas y sin escalas hacia mi añorada Buenos Aires.

Habiendo leído mi estadía en Barcelona, imagino que más de uno estará insultándome en arameo por no haber entrado a la casa Millà, ni a la Batlló ni a la Sagrada Familia, pero tienen que entender que era el final de un larguísimo viaje y que nuestras cabezas necesitaba descansar de tanto estímulo.

Europa es verdaderamente fascinante pero, a su vez, es tanto lo que hay para ver que puede resultar realmente agotador. De antemano estaba seguro que este primer contacto con Europa no iba a ser para descanso, sino uno de intenso descubrimiento y, afortunadamente, no me equivoqué.

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